Pasar las páginas de este libro fue como ir recibiendo un abrazo de principio a fin. ¿Podría ser que la portada de este cuento donde vemos a dos hermanas abrazadas nos lo había ya secretamente adelantado?

Este relato reinventa a las princesas perfectas de muchas historias animadas que circulan hoy día, y nos muestra un pedacito de la vida de dos hermanas, Lorna y Mosi, y de su familia.

El libro, como muchas otras joyas de la colección a la orilla del viento lo encontramos en la librería del Fondo para la Cultura Económica de la Ciudad de León, Guanajuato, durante una visita a la abuela (léase mi mamá). Así que la estancia en la casa materna se combinó con el sabroso ambiente mexicano donde sucede la historia de estas princesas voladoras.

A mí, mucho más que a mi hijo, me atrapó la complicidad de las hermanas y los ajustes que la familia tiene que hacer a sus vidas al tener a Mosi en casa. Ella es una niña que nació diferente, que va a una escuela especial y que cuando todos dicen “derecha”, ella dice “izquierda”.

Los nombres de las niñas me parecen tan adorables como su imaginación. Sin embargo, lo que más seguí recordando después de leerlo, fueron las palabras de la Tía Roberta cuando habla con la familia acerca de convivir con otras personas y dice: “ya nadie quiere hacer viajes largos a lugares lejanos, ni conocer de verdad otras maneras de vivir y de ser.”

Para mí lo de nadie, suena muy grande, pero sí es verdad que alrededor de nosotros se ven cada vez más personas viviendo como islas, y sobre todo con la mirada puesta en su ombligo. Eso sucedía mucho menos cuando yo tenía la edad de Mosi, o por lo menos, así me lo parecía.

¡Que ganas de haber tenido una tía así! pero eso es lo magnifico de los libros, que una vez leídos forman parte de nuestra vida. Así que desde que leímos este relato tomé prestada a la tía Roberta junto con su formidable frase: “La vida es así, un juego en el que todos disfrutamos”

Marte y las princesas voladoras es una historia cotidiana para abrazar las diferencias dentro y fuera de casa. La historia se desenvuelve entre golosinas, con un toque de sal y otro de miel. Es un cuento para leer en voz alta mientras abrazas a tu hijo en una noche gris con el viento soplando fuerte. Además, tiene hermosas ilustraciones a blanco y negro que le dan aún más brillo.

¡Ojalá te haga volar, aunque sea sólo por esa noche!

Aqui dejo también la referencia del libro que leímos: María Baranda, Marte y las princesas voladoras, ilustr. Helena Orozco (Fondo de Cultura Económica, 2012).

Imagen de la portada: collage a partir de la portada del libro. No resistí las ganas de agregarle los pajaritos para darles aun más alas a las nenas. La de abajo es una de las ilustraciones del libro.